LOS SACRIFICIOS DE LA CAMPAÑA ELECTORAL
- 7 de Marzo del 2004
Cualquier excusa es buena para captar electores. Y en la recién comenzada campaña no iba a ser menos. El terrorismo en España es uno de los principales enemigos contra los que los responsables del estado han intentado luchar y, esperemos, tratarán de luchar siempre; un frente que hasta ahora se combatía en estrecha colaboración, pero que, sin embargo, últimamente, y a causa de toda la polémica iniciada por el representante de Ezquerra Republicana, Carod-Rovira, y su tregua con la organización ETA, parece ser que el terrorismo y sus víctimas han conseguido pasar a un segundo plano. Y por lo visto esta actuación por parte del ex-conseller en cap de la Generalitat se está convirtiendo en el arma más poderosa para los terroristas, ya que han conseguido disgregar a todas las fuerzas políticas, las cuáles constituían la principal barrera contra ETA. Ahora el Partido Popular se niega a firmar cualquier pacto antiterrorista, por no considerarlo pertinente dado la intencionalidad de pacto del representante de ERC y la vinculación de este partido con el Partido Socialista. Es posible que no sea factible, pero en este caso quizás fuera más fructífero para el país y más adecuado para todos sus habitantes dejar de lado posturas políticas y rencillas ideológicas y aceptar sin más que todos los partidos demócratas españoles conformen una alianza firme que se pueda equiparar al poder de la violencia y las armas con el que se manifiesta el grupo terrorista vasco.
Tras las últimas detenciones de importantes miembros de ETA, gracias a la importante colaboración de la Policía francesa y a los servicios de inteligencia estadounidenses, la banda terrorista se encontraba en una de las peores situaciones de los últimos tiempos. Más débil que nunca, todo este revuelo político no está siendo más que la mano salvadora de los asesinos, un importante parche para el enorme hueco en la cúpula etarra, que se estaba agrandando cada vez más, y cuya única consecuencia va a ser el devolverle a ETA todo el poder intimidatorio que estaba perdiendo.
Y el resto de líderes políticos aprovechan la situación para acusarse y desacreditarse los unos a los otros, sin apreciar que, con esta actitud, aquel que va a conquistar las urnas el 14 de marzo va a ser el grupo terrorista. Quizás sea necesario pedirles un alto el fuego a los representantes de los principales grupos políticos, una tregua a la continua lucha verbal que no hace más que allanar el camino al injustificable comportamiento del grupo terrorista. Rompamos una lanza a favor de la paz en nuestro país, y, aunque sólo sea por una vez, gracias a un motivo totalmente justificado, procuremos que todas las ideologías políticas se unifiquen, convirtiéndose en un frente luchador, un país entero que ha dejado de competir en busca del tan ansiado poder y ha llegado a entender que, sobre todas las cosas, prima la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos, y no la victoria por habitar la Moncloa.
Laura Álvaro Andaluz .
