DE LA SALUD Y OTROS DEMONIOS
- 21 de Agosto del 2003
Nunca nos acordamos de la salud hasta que nos ponemos malos. Como tampoco valoramos a los que tenemos cerca hasta que por una u otra circunstancia los perdemos. Cuando llegan los dolores, físicos o del espíritu se nos viene todo encima, y entonces no sabemos si suplicar a la Virgen y demás divinidades aquello de “Virgencita, virgencita que me quede como estaba”, y/o acudir a la solución más práctica y recurrente que suele ser encontrar un sitio donde poder quejarnos , con alguien de carne y hueso, que haga caso de nuestras cuitas.
Pero es que ya se sabe que el ser (ser) humano es lo que conlleva. Imperfecciones.
Tenemos todo tipo de dolencias las personas. Desde un dolor de muelas que es, además, uno de los peores sufrimientos que tiene el hombre, pasando por unas anginas mondas y bien lirondas hasta enfermedades más graves, de las de “tocar madera”. A uno desde pequeñito le enseñan que si se pone malito el médico le cura. Y como somos animales de costumbres pues al médico de cabecera recurrimos cuado nos encontramos mal.
Pero claro, evidentemente el médico es un currito, como casi todos, y no puede estar en alerta todo el día, aunque las dolencias nos lleguen sin previo aviso, sin respetar el horario de comercio y sábados y domingos inclusive. Así que inventaron las Urgencias, donde médicos y médicas abnegados, acompañados del resto del personal sanitario, atienden, diagnostican y curan los males de los que allí acuden.
El “sistema” prevé que la Sanidad Pública, de la que todos nos beneficiamos, cubra nuestras necesidades en materia de salud. O eso es lo que se supone que debería de hacer. Pero no lo hace. Se le olvidan detalles como el aumento de población en época estival, y así. Cosas de cifras.
Entonces, y poniendo un ejemplo cercano, nos encontramos con situaciones como la del pasado sábado en la consulta de Urgencias de la residencia, donde hubo ciudadanos (personas) que tuvieron que esperar hasta 7 horas sin ser atendidos. Impresionante.
Desde la dirección del hospital han pedido disculpas, aunque alegan que parte de eso es culpa del enfermo (ejem), que en vez de pasar por el “filtro” de Urgencias del ambulatorio, especialmente diseñado para “dolencias menores”, acude directamente a la residencia, causando el colapso detectado por Heraldo de Soria tras la llamada de un vecino.
Y digo yo: aunque tuvieran razón..¿no podría salir una persona, INTERESARSE por los enfermos que han acudido, clasificarlos por la gravedad de sus dolencias, y mandar al otro ambulatorio a los que no necesiten estar allí?. Porque será una pesadez tener que desplazarse de nuevo, pero más lo es esperar horas en una tétrica sala de espera de Urgencias un saturday night. Y sin música. Y además es una forma de dar prioridad a los casos más graves.
En fin, escribiremos cien veces: no me volveré a poner malo en sábado noche, y otras cien: si no estoy moribundo pasaré por el ambulatorio antes. Para que no vuelva a ocurrir. .
