DE MONUMENTOS (DE PIEDRA) Y CRUCES
- 19 de Agosto del 2003
La historia de un pueblo es parte de su vida, o mejor dicho, es su vida. En lo bueno y en lo malo, como un matrimonio religioso.
En el caso de nuestro pueblo, además de historia, hay historietas, y la polémica siempre está servida. Y es que nos alimentamos bien de ella.
Me refiero en concreto al asunto de La Cruz de los Caídos, monumento horroroso donde los haya (o hubiera, perdón, hay que empezar a utilizar el pretérito), y de su inminente demolición, anunciada hace unos días por el nuevo equipo de gobierno. Y como sucede casi siempre por estos lares nunca llueve a gusto de todos, y así nos encontramos en la tesitura de “borrar la historia” al hacer desaparecer la espantosa tumba, o en aprovechar un espacio natural precioso, como es la Dehesa, y de paso eliminar un monumento que se levantó en los años en los que España, tristemente, estaba sumida en la oscuridad de una dictadura que, ideologías aparte, cualquier persona con sentido común conoce cuales fueron sus secuelas.
Cargarse la dichosa cruz no significa obviar la historia, sino evolucionar. Y la evolución es sinónimo de progreso. ¿O es qué cuando los abuelos van a la Dehesa y la ven se recuerdan en el frente?. Lo dudo mucho. Y si es así, razón de más para que lo tiren cuanto antes. Además, es fea de verdad. Y eso creo que no es discutible. Y tétrica, ya que da a nuestro parque un cierto aspecto de camposanto, (recuerdo que de pequeña creía que la tumba iba a abrirse en cualquier momento), que podría evitarse.
Propuestas alternativas seguro que no faltan. A mí la del auditorio, que al parecer propuso el Tripartito, aunque al final no fueran ellos quiénes llevaran a cabo la idea, me parece apropiada. Y que allí donde hubo recuerdo de muertes, haya música, y donde hubo una cruz, instrumentos, y que se respire vida y diversión.
Ya no deberían erigirse monumentos. Ni políticos, ni culturales, ni de ningún tipo. La historia puede hacerse perdurable de muchas formas. Y las estatuas, monolitos, y demás enaltecimientos que sobre las grandezas (o miserias) humanas se construyen, no son más que el reflejo de una sociedad megalómana y vacía.
Myriam de Nicolás. .
