LUCES DE NEÓN
- 30 de Noviembre del 2003
Es curioso que hay días que pueden ser para unos “un día más” y para otros estar cargados de significado por uno u otro motivo. Pensando esto, llego a la conclusión de que todos los días son especiales, sólo depende de la persona y del significado que para ésta tenga una determinada fecha. Lo malo es que no siempre suele ser bueno. El viernes pasado fue el “Día Internacional del no consumo”. Una reivindicación simbólica de un puñado de ONG’s del mundo, que se unen y piden en esta jornada que se reflexione un poco antes de sumergirnos en el consumo desenfrenado que nos ataca a todos por estas fechas.
Supongo que tienen razón, y aun así sé que estoy deseando salir de tiendas, y me ronda en la cabeza hace ya unos días qué puedo comprarme para estrenar en Nochevieja, o qué dejarán los Reyes Magos en el calcetín de mis seres queridos, de mi parte. No puedo evitarlo. Es esta sociedad consumista y capitalista donde habitamos.
Como era de las pocas que conocía la existencia de este día, porque no se ha anunciado mucho, decidí intentar frenar mis ansias de consumismo. Salí de casa, no me compré chicles, sí compré el periódico, porque no lo consideré un lujo, sino una necesidad, pagué religiosamente (y sin alternativa) el billete del metro, y no asomé siquiera la nariz por el escaparate de ninguna de las tiendecillas que sorteo hasta llegar a mi destino. A la vuelta volví a hacer lo mismo. La verdad es que no me costó nada hacerlo, pero confieso que no renuncié a casi nada dentro de mi cotidianidad, y que el escenario elegido no fue el apropiado. Debería haberme ido a un Centro Comercial, lleno de luces de neón y escaparates, a sufrir de verdad. Pero no tengo fuerza de voluntad, soy una consumista moderada sin posibilidad de recuperación. Si acaso de empeoramiento. En el fondo, casi todos lo somos. E imagino que los que no lo son, es porque por desgracia no pueden.
Myriam de Nicolás.
