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| ¿Que
conoces de nuestra provincia? Compruébalo
en este crucigrama. |
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SORIA:
RUTA DE LOS POETAS
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| CON
LOS POETAS |
La
página no está en blanco. Un sueño
dilatado ha llenado de versos los tejados: las melenas
de las campanas se han vuelto hacha de leñador,
flores del viento. Hay sombreros tras la misa de doce,
colinas plateadas, cielos cárdenos. El olmo es
viejo. Los álamos, dorados. El rayo, de luna. El
Monte de las Ánimas cuenta leyendas de templarios
y unos ojos verdes ahogan de amor y de asfixia. Alguien
lee: volverán las oscuras golondrinas. Alguien
nombra: la ciudad de los poetas tiene dos sílabas
concisas. Es joven, niña, virgen de todo roce.
Esa Soria total, precisa, exacta, que no sabré
cantar, pero conmigo llevo...
Un
día de primavera llegaba un joven catedrático
de literatura. En la maleta de la memoria literaria traía
rimas, leyendas y un poemario. También hacían
eco los pasos de un monje mercedario llamado Tirso de
Molina. Venía desde el mar. Un cántabro
en busca de estelas sureñas que a Soria subieron
a soñar... Poetas andaluces/ que soñasteis
en Soria un sueño dilatado:/ tú, Bécquer,
y tú, Antonio, buen Antonio Machado... Habían
cantando tanto a la ciudad castellana, la habían
escrito tan bien con sus plumas de amantes ágiles,
que ella se le había quedado enlazada en las letras
y la vida. Las vocales y las consonantes tenían
vocación de verso en esta Soria multiplicada, creada
y recreada en retahílas de frases y emociones.
Era (es) el destino de las sensaciones líricas.
Gerardo Diego encuentra así calles en las que planean
jirones de un verso prolongado. Quizá él
no sabe aún que acabará sumando sus palabras
y su amor por la tierra presentida. La construcción
estética iniciada por los poetas andaluces está
a punto de abrir una ventana más entre Soria y
el universo literario. El poeta montañés,
que venía con la memoria del hombre que viajaba
ligero de equipaje en vagón de tercera, ya sabía
que Machado, su buen Antonio Machado, había encontrado
en ella su verdadera tierra espiritual.
Buscaba, así, la herencia del cantor por excelencia
de esta esquina castellana: ese legado hecho de versos
hondos y sencillos en el que una identidad franca entre
el entorno y lo humano se destilaba en cada rima. Porque
había algo idéntico en la noble austeridad
castellana y un filántropo que era, en el mejor
sentido de la palabra, bueno. La generación del
98 a la que pertenecía Machado había escrito
con intensidad a la Castilla ancha, pero el poeta andaluz
nunca hubiera imaginado encontrar en Soria un lugar donde
situar plenamente sus paisajes íntimos y externos.
Fue
por él por lo que Soria se hizo ciudad poética
por antonomasia. Por él, que al llegar a la ciudad
chiquita no intuyó siquiera que acabaría
sintiendo amor, poesía y dolor inmensos. A cambio
le dejó versos, una memoria larga, y una tumba
antigua en la que descansa, muerta prematuramente, su
joven esposa soriana Leonor Izquierdo. La vida tenía
el ritmo de las ondas que pasan...
Machado había llegado para dar clases de francés
a una tierra en la que la literatura ya había dejado
impresas muchas huellas. La probable cuna del Cantar del
Mío Cid había servido antes de inspiración
a un sevillano como él, casado con otra soriana,
Casta Esteban Navarro. Antonio escribiría: Aquel
poeta sin retórica, aquel puro lírico, debió
de amar a Soria tanto como a su natal Sevilla, y acaso
más que a su admirada Toledo. Por nombre
tenía dos. Gustavo Adolfo se llamaba. Por apellido,
Bécquer.
Y así se nos ha quedado Soria, formando un collado
de palabras entre El Castillo y el Mirón donde
los poetas tienen voz y presencia. Una ciudad chiquita
que prefiere repartir hermosuras a vanidades, mientras
invita a atarear la mirada en calles, iglesias, plazas
y versos. Es algo así como una mujer madura con
vocación de adolescente eterna, una suerte de estratosfera
íntima con tempo antiestrés y mirada tierna,
donde las rutas poéticas sirven de escaparate de
lujo a mucho más.
Los versos serán pues la perfecta, magnífica
excusa para mostrársela. La punta del iceberg para
hacer camino, cultura e historia y también -eso
también-, para tomarse pincho y vino entre lectura
y visita. Tres itinerarios abiertos en memoria de Machado,
Bécquer y Gerardo Diego que hilvanarán -sensible
hilo conductor de lo literario- su descubrimiento. Ellas,
rutas que fueron creadas bajo el auspicio de los poetas,
serán las que nos guíen por Soria, la bien
cantada. |
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Todas
estas rutas forman parte de la amplia oferta del Patronato
Provincial de Turismo de Soria. Los contenidos y las
imágenes de cada uno de los recorridos han sido
facilitados a valonsadero.com por el propio Patronato.
Los textos son obra de Susana Gómez Redondo,
y las fotografías perteneces al archivo del Patronato
de Turismo, Fernando Santiago, Lourdes Lezcano, Félix
Lozano, Alejandro Plaza, Valentín Guisande, Manuel
Caloto y Paco Lucas.
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